Una ciudad de frontera
Olivenza, junto a la frontera con Portugal y a pocos kilómetros de Elvas, conserva una huella portuguesa muy visible en su arquitectura manuelina, sus calles empedradas, sus apellidos y su repostería, como la técula mécula. Su comercio atiende tanto a vecinos como a clientes portugueses, y el turismo cultural y gastronómico crece cada año, junto a una construcción activa y una agricultura de secano y regadío.
Más del 43 % de sus 630 empresas trabaja en comercio, transporte y hostelería, y más del 15 % se dedica a la construcción.
Dos países, dos idiomas, un mismo mercado.
La inteligencia artificial habla los dos.