Una tradición gráfica que empezó en las cajas de naranjas
Pocas ciudades tienen tanto patrimonio gráfico ligado a un producto. El archivo del Museu de la Taronja, en una casa modernista del Carrer Major, reúne más de 5.000 marcas naranjeras, más de 1.000 fotografías y los papeles de seda con los que se envolvía cada fruta. Esas etiquetas eran diseño publicitario en estado puro: tenían que distinguir una partida entre cientos en los puertos de Europa.
La necesidad sigue siendo la misma. Burriana dedica a los cítricos el 96,3 % de su superficie cultivada, y las empresas que los comercializan compiten con marcas de toda la Comunitat. Como estudio de diseño gráfico, partimos de esa historia para crear marcas que se reconozcan a varios metros y en una pantalla de móvil.